Un día vino un nuevo pariente a nuestra tribu de monos, pero él era un poco diferente a los demás, era un monito blanco llamado Mario.
Un día me dijeron que nunca fuese a un sitio llamado zoológico porque allí no hay sitio para balancearse entre las ramas de los árboles, aunque te dan la comida fácil.
Pero otros me dijeron que fuese, era la pandilla de malos: el mono capuchino Erik, el mono aullador Nicolás y el givon Adrián, pero esos tres no son los únicos, tienen un jefe llamado Pablo que es un gorila.
Un día decidí que quería ir a investigar más cosas del mundo y a aprender cosas de otras especies de animales y artes de kun-fu que era mi sueño en este caso, así que decidí partir, yo mismo sabía que tenía que ir preparado y que tenía que enfrentarme a muchas dificultades contra el mundo y peor contra la naturaleza, que es lo que siempre te devuelve el daño si se lo haces tú.
Me encontré con un tapir himalayo llamado Fran, que siempre se estaba revolcando entre el barro y nadando con su amigo la tortuga Miguel, ellos fueron los que me acompañaron en el viaje.
Nos encontramos con un jaguar que nos quería devorar, pero el Tapir queriendo protegerse nos protegió a nosotros a la vez con una gran embestida hizo al jaguar marcharse diciendo:
-¡Socorroooooooo!, estoy en peligro.
En una gran montaña, nos encontramos una cabaña donde moraba una sabia zarigüella llamada Saray, no daba clases de kun-fu, sino que daba clases de karate, pero a nosotros no nos dio ninguna importancia y nos apuntamos.
Cuando nos marchamos, nos sobrevoló un helicóptero y nos capturaron para llevarnos a un zoológico.
Una noche utilizamos las técnicas karate que nos enseñó la sabia zarigüella. Utilizamos las técnicas para escapar destrozando el muro.
-¡Proooooom!, hizo el muro al derrumbarse.
Cuando nos escapamos, decidimos volver a casa prometiendo que nunca más nos ibamos a escapar.
Cuando llegamos a casa mis padres y mis amigos, vinieron a decirme que nunca más me fuese sin decirlo y yo lo prometí.